Aunque el sorteo de la Lotería de Navidad se celebra el 22 de diciembre, su temporada empieza mucho antes. Con la llegada del otoño, las administraciones comienzan a poner en circulación los décimos y los grupos de amigos, compañeros de trabajo y familiares empiezan a organizar sus participaciones. También vuelve una de las conversaciones más habituales de estas fechas: mantener el número de otros años, buscar uno nuevo o repartir la compra entre varios décimos.
Lo que ha cambiado de forma notable en los últimos años no es tanto cuándo empieza la gente a comprar, sino dónde y cómo lo hace. Internet ha convertido la compra del décimo en un proceso que puede hacerse desde casa y en cualquier momento, sin necesidad de desplazarse hasta una administración. Basta con consultar los números disponibles, realizar la compra y conservar la documentación correspondiente para tener constancia de la adquisición.
Esta posibilidad resulta especialmente práctica cuando se trata de comprar un número concreto que se vende en otra localidad o de gestionar décimos compartidos entre personas que viven en distintos lugares. También ha facilitado que la compra pueda hacerse con más antelación, sin depender de los horarios de una administración física o de tener que esperar a los últimos días antes del sorteo.
Con todo, la relación entre la Lotería de Navidad y la tecnología no empieza con las compras online. El propio sorteo ha ido adaptándose a los cambios de cada época desde sus orígenes, mientras mantenía algunas de sus tradiciones más reconocibles. Lo que comenzó hace más de dos siglos como una fórmula para obtener ingresos para las arcas públicas se ha convertido en una de las citas más arraigadas del calendario navideño español. Ahora, junto a las colas frente a las administraciones y los décimos que pasan de mano en mano entre familiares y compañeros, existe también una forma digital de participar. El sorteo sigue siendo el mismo; lo que ha cambiado es la manera de encontrar, comprar y compartir esos décimos.
Un invento nacido, literalmente, de una guerra
Pocas tradiciones tan arraigadas en España tienen un origen tan poco festivo. Hay que remontarse hasta diciembre de 1812, en plena Guerra de la Independencia, cuando España luchaba contra el ejército napoleónico y Cádiz era uno de los pocos reductos que resistía con fiereza el asedio francés. Como explican los expertos de Lotería María Victoria, ante las arcas vacías y la necesidad imperiosa de recaudar fondos para comprar suministros y sufragar los gastos militares sin ahogar a los ciudadanos con nuevos impuestos, a Ciriaco González Carvajal, ministro del Consejo y Cámaras de Indias, se le ocurrió una idea: crear un sorteo de lotería «moderna», en el que la gente participaría de forma voluntaria atraída por la ilusión de ganar un premio económico, mientras el Estado obtenía fondos de manera rápida.
El primer sorteo se celebró el 18 de diciembre de 1812, todavía sin el nombre de «Sorteo de Navidad»: se llamaba Lotería Moderna. Según recoge la misma fuente, el primer Gordo de la historia fue a parar al número 03604, cada billete costaba 40 reales, y el premio ascendió a 8.000 pesos fuertes, una auténtica fortuna para la época. El sistema funcionó tan bien que se extendió rápidamente por todo el país a medida que las tropas españolas recuperaban terreno frente a los franceses.
La denominación oficial de «Sorteo de Navidad» tardaría décadas en llegar: no apareció en un programa de premios hasta 1892, y no fue hasta 1897 cuando el nombre empezó a imprimirse directamente en los décimos. Y algo que sorprende a mucha gente: la fecha del 22 de diciembre no quedó fijada de forma definitiva hasta finales del siglo XX. Durante mucho tiempo, la celebración se movió dentro del propio mes.
Hay además un par de datos curiosos que ilustran bien la solidez de esta tradición. El Colegio de San Ildefonso lleva cantando los números desde 1771, pero las niñas no participaron en el sorteo hasta 1984, cuando la institución pasó a ser mixta. Y quizás lo más llamativo: la Lotería de Navidad nunca se ha suspendido desde 1812. Ni siquiera la Guerra Civil española logró frenarla; en 1938 llegaron a celebrarse dos sorteos paralelos, uno en Barcelona y otro en Burgos, cada bando defendiendo su propia versión de la tradición en mitad del conflicto.
De la ventanilla al bolsillo: cómo ha cambiado la compra de lotería
La historia de la Lotería de Navidad también puede contarse a través de la forma en que los españoles han comprado sus décimos. Durante décadas, adquirir un número implicaba acudir personalmente a una administración, elegir entre los décimos disponibles y conservar el billete hasta el día del sorteo. Con el tiempo, ese proceso se fue adaptando a los cambios en los hábitos de consumo y, especialmente, a la llegada de internet.
Durante buena parte del siglo XX, las administraciones de lotería fueron el principal punto de contacto entre el sorteo y los jugadores. En diciembre, algunas de ellas comenzaron a recibir compradores de otras ciudades atraídos por números concretos o por establecimientos que habían vendido premios importantes en años anteriores. Las colas se convirtieron así en una imagen habitual de la campaña navideña, mientras que la elección del número incorporaba sus propios rituales: buscar una determinada terminación, escoger una fecha familiar o simplemente dejarse llevar por un número que resultara especial.
También cambió con el tiempo la gestión de la propia lotería. El sorteo, que nació en el contexto de la Guerra de la Independencia, terminó integrándose en una estructura estatal estable y en el sistema actual de Loterías y Apuestas del Estado. La organización, emisión y comercialización de los décimos fueron adquiriendo procedimientos cada vez más regulados, mientras la red de administraciones se consolidaba como uno de los principales canales de venta.
El gran cambio en los hábitos de compra llegó con internet. Las nuevas vías de comercialización permitieron consultar números y adquirir lotería sin necesidad de desplazarse físicamente hasta una administración. Esto resulta especialmente útil cuando se busca un número concreto que se comercializa en otra localidad o cuando varias personas quieren compartir una compra pese a vivir en ciudades diferentes.
La digitalización también ha cambiado el momento de la compra. Ya no es necesario esperar a diciembre para acercarse a una administración: quien tiene claro qué número quiere puede adquirirlo con semanas o meses de antelación. La tradición, por tanto, no ha desaparecido, pero sí se ha adaptado a una forma de comprar más inmediata y menos condicionada por la distancia o los horarios.
El décimo sigue siendo el mismo objeto y el sorteo mantiene su fecha, pero el camino hasta llegar a él es hoy muy diferente al de hace unas décadas. De la ventanilla al teléfono móvil, la Lotería de Navidad ha ido incorporando nuevas formas de llegar a los jugadores sin dejar atrás una de las costumbres más reconocibles de estas fechas.
Por qué cada vez se compra antes y cada vez más por internet
Hay razones prácticas de peso detrás de este cambio de hábito. La primera es la disponibilidad limitada: los números más buscados —capicúas, fechas señaladas, cifras redondas— suelen agotarse mucho antes del sorteo, así que quien quiere asegurarse un número concreto ha aprendido a moverse pronto, a veces meses antes de diciembre.
La segunda es, simplemente, comodidad. Comprar por internet permite evitar colas, comparar la disponibilidad de varias administraciones sin moverse de casa, y guardar automáticamente el justificante de compra sin el riesgo de perder un papel físico, algo nada desdeñable en un décimo que puede representar un premio de varios miles de euros.
La tercera razón, más reciente, tiene que ver con las peñas y los grupos: comprar y repartir participaciones entre compañeros de trabajo o grupos de amigos resulta mucho más sencillo cuando se puede gestionar de forma digital, sin tener que coordinar quién pasa por la administración física a recoger o entregar el dinero.
Eso sí, esta comodidad exige un mínimo de precaución. Al tratarse de un producto tan deseado, cada campaña navideña, aparecen intentos de fraude que aprovechan la avalancha de compras online. La recomendación de las autoridades es clara: solo pueden operar legalmente la venta de lotería la propia Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado y la ONCE, y conviene verificar siempre que la web utilizada dispone de licencia habilitante, cuenta con un dominio seguro (que empiece por «https») y aparece en el listado de operadores autorizados. La Dirección General de Ordenación del Juego, organismo público dependiente del Ministerio de Hacienda encargado de supervisar y regular este mercado en España, mantiene disponible esta información y atiende también las reclamaciones de los jugadores frente a operadores con licencia estatal.
Lo que no ha cambiado: la ilusión colectiva
La forma de comprar los décimos ha cambiado, pero el componente social de la Lotería de Navidad sigue prácticamente intacto. Desde sus primeros sorteos en el siglo XIX, participar ha sido también una manera de compartir la posibilidad de que toque un premio. Con el paso del tiempo, esa costumbre se ha integrado en la vida cotidiana y hoy es habitual comprar décimos con familiares, amigos, compañeros de trabajo o incluso con los vecinos.
Por eso, para muchas personas el valor de un décimo no está únicamente en el posible premio. También está en el número que se juega cada año en la familia, en el décimo que se comparte con los compañeros de la oficina o en esa combinación que alguien considera especial porque coincide con una fecha determinada. Incluso cuando se cambia de número, el ritual se mantiene: elegir, compartir y esperar juntos al 22 de diciembre.
La tecnología ha modificado el proceso, pero no necesariamente esa parte de la tradición. Hoy es posible comprar un décimo desde el móvil en septiembre, octubre o noviembre, sin necesidad de esperar a diciembre ni desplazarse hasta una administración. Sin embargo, después de la compra sigue quedando lo mismo: guardar el número, comentarlo con los demás y comprobar el resultado el día del sorteo.
Y quizá ahí esté una de las razones por las que la Lotería de Navidad ha mantenido su presencia durante tanto tiempo. Ha sabido incorporar nuevas formas de compra sin perder una costumbre que va mucho más allá de adquirir un décimo. Para muchos participantes, la campaña empieza cuando aparece el número que llevan años jugando o cuando llega el momento de decidir qué décimo compartirán ese año.
Así que, si a finales de septiembre ya encuentras décimos disponibles y te parece demasiado pronto para pensar en la Navidad, no hay nada especialmente extraño en empezar entonces. La venta se adelanta a las fiestas y, con ella, también comienzan las conversaciones, los números compartidos y esa pequeña tradición anual que culmina el 22 de diciembre.