Sector del vino y tecnología, maridaje posible

Podríamos pensar que el vino es algo arcaico que no se puede innovar. Lo cierto es que el vino, como producto, no. Mejor que se quede en lo arcaico y lo ancestral. Pero sus procesos, la industria de la que sale y todo lo relacionado con el apasionante mundo del vino han encontrado el maridaje perfecto en la tecnología. No con objeto de cambiar el vino o cómo debe beberse, sino de mejorar la experiencia y hacer que la producción, distribución y degustación mejoren.

La revolución industrial que viven los entornos industriales no deja indiferente al sector del vino. La tendencia a la digitalización y la conectividad define la forma de trabajar en las bodegas y los viñedos, combinando tecnologías como la robótica, la inteligencia artificial, la analítica, la nanotecnología y el IoT. Son varios los inventos tecnológicos revolucionarios que llegan al sector vitivinícola y cambiarán la manera de entender el vino.

En el momento presente, no podemos olvidar que el sector del vino mantiene y apuesta por el respeto al origen, al entorno y a la materia prima, con una intervención mínima en viñedos y bodegas, donde la tecnología no tiene cabida. Se busca preservar la tradición, como si se tratara de un sinónimo de calidad, cuando no necesariamente es así. Sin la tecnología, no será posible alcanzar los niveles cualitativos de los que podemos disfrutar. Solo los avances a lo largo de los últimos años proporcionan soluciones y mejoras impensables a la hora de proceder a los cultivos, la elaboración y la distribución del vino.

España, como uno de los principales países en superficie de viñedo, tercer productor y uno de los cinco grandes exportadores del mundo, presume de una industria relacionada con la I+D+i del vino. No siempre ha sido así, hasta que la creación de la PTV (Plataforma Tecnológica del Vino) impulsó el establecimiento de una estrategia.

La evolución del vino

Más allá de la solera, donde reside la evolución de los mejores caldos, el sector del vino se encuentra de lleno en una espiral evolutiva constante. Algo que bien saben nuestros amigos de Giona Company, que, como especialistas en suministros para hostelería, conocen los matices del vino y cómo la tecnología ayuda al sector en diversos aspectos.

Se considera como empresa innovadora aquella que logra transformar los avances tecnológicos en nuevos productos y procesos. Por esa razón, las tecnologías aplicadas al sector del vino permiten que las empresas proporcionen mayor calidad en lo relativo a la organización y los procesos productivos, en comparación con otras empresas del sector. El desarrollo tecnológico se ha convertido en una de las claves a la hora de afrontar los desafíos del futuro, dentro de un contexto en constante cambio, como es el del sector vitivinícola.

El sector agroalimentario se caracteriza por su interés en implantar tecnologías innovadoras que les permitan seguir siendo competitivos en el mercado. El vino no podía quedar atrás, siendo muchas las bodegas que utilizan el big data, las apps, drones o IoT, para no quedarse al margen de la revolución industrial y tecnológica. De hecho, el desarrollo tecnológico supone en la actualidad la base sobre la que se construye el futuro del sector del vino. Dentro de un contexto de transformación constante, en el que la innovación ya no es una opción, sino una necesidad.

De manera que hasta el sector vitivinícola se halla inmerso en una etapa de transformación en la que tradición y tecnología avanzan de la mano. Las bodegas apuestan por las herramientas digitales que les permiten optimizar cada fase del proceso. Desde el cultivo de la vid hasta la distribución final, la digitalización está presente en la producción del vino.

El uso de los envases inteligentes y sostenibles forma parte de la nueva era del vino. Conservar la temperatura, prolongar su vida útil y aplicar diferentes tratamientos es una de las tendencias más crecientes dentro de lo que es la tecnología aplicada al sector del vino. Algunas bodegas desarrollan sus envases sostenibles y los fabrican con bioplásticos, con los que son capaces de reproducir el diseño de las botellas de cristal. Son más ligeros y su impacto medioambiental es menor.

A la hora de preservar el sabor y la seguridad alimentaria, la alta presión juega un papel relevante. La tecnología de alta presión hidrostática se está incorporando en el sector como una de las alternativas más innovadoras frente a los tratamientos térmicos tradicionales. Este proceso supone la aplicación de presión de forma uniforme sobre el producto final, ya envasado. De manera que se eliminan microorganismos, sin que se altere la composición o la calidad sensorial del vino. Esta técnica contribuye a mejorar la estabilidad microbiológica y prolongar su vida útil, sin que sea necesario recurrir al añadido de conservantes químicos. Ayuda a preservar el color, el aroma y las propiedades naturales con las que cuenta el vino, manteniéndose intacta su identidad. Aplicar alta presión en envases herméticos o al vacío hace que se convierta en una herramienta de gran eficacia a la hora de garantizar vinos más estables y sostenibles.

Innovación en la producción

Del mismo modo que sucede en otros sectores, el mundo del vino siente la necesidad de diversificarse e innovar de forma continua. Esto hace que se mantenga competitivo dentro de un mercado cambiante. La reducción del consumo de alcohol medio por persona ha derivado en un impulso hacia el desarrollo de bebidas sin alcohol. El vino no se ha quedado atrás y el desarrollo de este tipo de producto se ha convertido en una alternativa que hace posible llegar a otro público y adaptarse a la tendencia del consumo responsable, cada vez más arraigada.

En el año dos mil ocho, hace ya casi dos décadas, se lanzó la primera botella de vino sin alcohol, capaz de conservar aroma, sabor y propiedades. Este avance marcó un punto de inflexión en el sector, ya que quedó demostrado que tradición e innovación pueden convivir y ofrecer productos más saludables y accesibles, sin tener que renunciar a la esencia del vino.

Evidentemente, el mundo vitivinícola tuvo que adaptarse a un contexto de mercado inestable, a consecuencia de los cambios globales sufridos en los últimos años. Esta situación particular no ha hecho otra cosa que acelerar la transformación digital del sector, con lo que se ha impulsado el desarrollo de canales de comunicación en línea como vía de contacto con los consumidores.

Las bodegas han visto fortalecida su presencia dentro del entorno digital, adoptando estrategias de venta online, con lo que mantienen y aumentan la actividad comercial. Este cambio no solo ha permitido mantener las ventas; al mismo tiempo ha sido posible llegar a un público más joven y conectado.

De forma paralela, el enoturismo se ha consolidado como línea de negocio en la que se unen experiencia, cultura y tecnología. Las visitas virtuales, las reservas online y la comunicación directa con los clientes han hecho que el turismo del vino se haya convertido en una herramienta esencial que refuerza la marca, fideliza y proporciona valor añadido.

En una revolución industrial que se precie, no pueden faltar la robótica y la automatización. Incorporar estos elementos en las bodegas ha transformado la gestión diaria de muchas bodegas, debido a que hace posible la optimización de tareas repetitivas, como puede ser el embotellado, etiquetado o la limpieza de los depósitos. De manera que se mejora la precisión y se reducen de forma considerable los tiempos de producción.

Los sistemas automatizados permiten controlar las variables más críticas del proceso, como pueden ser la temperatura o el nivel de oxígeno, lo que garantiza una estabilidad en cada fase. Los robots colaborativos trabajan junto al personal técnico y asumen las labores más exigentes, al tiempo que contribuyen a crear entornos de trabajo más seguros y eficientes.

Con la automatización no se pretende sustituir el conocimiento humano, se pretende potenciarlo, puesto que estas herramientas permiten que los equipos se centren en la innovación, el análisis y la mejora del producto. El equilibrio adecuado entre tradición artesanal y tecnología avanzada consolida a la robótica como elemento clave.

Como sabemos, el agua es un recurso indispensable en la producción de vino. Su gestión eficiente es prioridad en todos los aspectos y sectores, por lo que incorporar tecnologías avanzadas en los sistemas de riego y fertirrigación hace posible optimizar este recurso, adaptando el suministro de agua a las necesidades reales del viñedo.

Los sensores de humedad, la monitorización mediante satélite y los algoritmos predictivos proporcionan información detallada y precisa sobre el estado real del suelo y la planta. Con estos datos, las bodegas pueden ajustar el riego y la fertilización de forma automática, evitando que se desperdicie el agua.

La tecnificación de estos sistemas mejora la productividad, promueve una cultura del vino más sostenible y hace más fuerte el equilibrio entre rendimiento y respeto por el medio ambiente. Haciendo uso de estas herramientas, los viñedos se convierten en espacios inteligentes, capaces de producir sus vinos con mayor eficiencia, precisión y compromiso con el entorno natural.

No podemos decir otra cosa: las bodegas que apuestan por la innovación, la sostenibilidad y la digitalización son las que mejor se adaptan al mercado. Por lo que sí, han encontrado el maridaje perfecto.

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