Me estoy viendo al serie Chosen ahora. No sé si sabes de qué va, es una preciosa adaptación de la vida de Jesús de Nazaret, el que murió en la cruz en la época romana. Pues bueno, la serie es preciosa, y la vida de la gente sencilla, MUY sencilla. Pero siempre que veo ese tipo de cosas me surge el mismo dilema: ¿de verdad era así la vida de las personas antes de que existiera cualquier tipo de tecnología? Porque las series son muy bonitas, pero siempre he pensado que romantiza MUCHO la vida en esas épocas tan sucias y con tantas enfermedades.
Por ejemplo, ¿te imaginas cómo sería en esa época tener un fuerte dolor de muelas? De esos que tienes que ir al dentista sí o sí para que te saquen la muela. ¿Y te imaginas el proceso de recuperación, con las infecciones y las inflamaciones? En esa época, una simple infección podría matarte, así que no es nada divertido.
Me gustaría enfocarme en el tema de la extracción dental, porque cuando miro al pasado, y miro en mi presente, es lo que más temo en el dentista… y no tener tecnología para tratarlo ha de ser horrible.
¿Qué tecnologías hay hoy que nos ayudan en una extracción dental?
Hoy una extracción dental es casi nada comparado con lo que era antes. Hoy solo tienes que ir al dentista, te revisan, te ponen anestesia y listo, ni te enteras de que te sacas el diente, solo sientes presión… pero dolor de verdad, casi ninguno. ¿Por qué? Porque los dentistas tienen herramientas que ayudan a sacar el diente sin romper nada ni dañar la encía. Y, sobre todo, para que tú no sientas nada, que es lo mejor de antes.
Algo que quizás no has pensado es que las radiografías son un avance estupendo, porque antes, sacar una muela se hacía a ciegas, y todo podía salir mal. Ahora, gracias a ella, el dentista ve la raíz, si está torcida o si hay infección antes de tocar el diente… y las posibilidades de que algo vaya mal bajan un montón. Todo está controlado para que todo salga bien.
Uno de los aparatos más sorprendentes, según me cuentan en CKA Grupo Dental, clínica dental con gran experiencia en el sector es el piezoeléctrico dental, que corta el hueso con vibraciones ultrasónicas súper precisas cuando sacar la muela es un poco difícil. Solo toca el hueso, así que no lastima nervios ni encías, y todo es mucho más seguro.
Y lo mejor es que hoy tenemos antibióticos y antiinflamatorios para que no nos de una infección tras el tratamiento. La herida cicatriza en poco tiempo y las infecciones casi no existen.
Comparado con siglos pasados, donde sacarse una muela podía ser un desastre mortal, vivir hoy es mucho más fácil y seguro.
Los primeros humanos y las extracciones más primitivas
En los primeros humanos, las extracciones dentales eran un desastre: no existían dentistas, ni anestesia, ni instrumentos adecuados para ello. Si alguien tenía dolor intenso, la única opción era intentar quitarse el diente como pudiera. Los arqueólogos han encontrado restos de cráneos con muelas extraídas, así que alguien experimentó con técnicas rudimentarias para aliviar el dolor y sacarle a alguien una muela que no le dejaba vivir.
Las herramientas tenían que ser simples en esa épica, como piedras, palos o pequeñas pinzas de hueso o metal. Solo podían agarrar el diente y sacarlo, aunque no siempre funcionaba. Imaginarme a alguien sujetando un diente con una piedra y tirando fuerte con la otra mano me da escalofríos. La probabilidad de romper el diente o lastimar la encía era altísima.
Pero, sin duda, el gran problema era la infección. Ellos no podían hacer ningún tipo de limpieza ni sabían qué eran las bacterias, así que una herida podía complicarse y extenderse al resto del cuerpo. Una muela podrida podía matarlos, sin exageración. Los primeros humanos vivían al límite, y un dolor de muelas era un riesgo para la vida.
Comparado con esto, incluso un dentista con pinzas básicas del siglo XVIII ya era una maravilla.
Extracciones dentales en el Antiguo Egipto
En el Antiguo Egipto, la medicina, por suerte, estaba más organizada que en la prehistoria, pero las extracciones seguían siendo peligrosas. Ellos comían mucho pan con partículas de arena de las piedras de molienda, y eso desgastaba muchísimo los dientes y les provocaba muchísimo dolor. Cuando una muela se dañaba demasiado, había que sacarla.
Los médicos egipcios usaban hierbas, miel y resinas para tratar las infecciones y aliviar el dolor. La miel, por ejemplo, tenía un efecto antibacteriano que ayudaba un poco, pero esto no eliminaba el peligro de que la herida se complicara. Las extracciones se hacían con instrumentos de metal muy rudimentarios, y la anestesia era inexistente, porque no existió hasta el 1840.
El procedimiento debía ser un montón de doloroso, y la persona que recibía la extracción tenía que soportar tirones brutales mientras el médico intentaba sacársela. Después, la recuperarse era más complicado, porque sin antibióticos, de nuevo, cualquier infección podía ser grave.
Aun así, los egipcios ya mostraban un intento de ciencia: observaban dientes, estudiaban problemas y registraban tratamientos. Era un paso importante, pero nada que ver con la actualidad de los dentistas de hoy.
Grecia y Roma, los primeros dentistas de la historia
En Grecia y Roma, la odontología ya era más sofisticada. Algunos médicos, como Hipócrates y Galeno, estudiaban el cuerpo humano y escribían sobre dientes, encías y problemas dentales. Las extracciones se hacían con fórceps de metal, y estos permitían un poco más de control que las piedras o pinzas de antes, pero tampoco mucho más
Los pacientes seguían sufriendo, claro, porque aún no existía anestesia moderna y muchas veces se recurría a vino o hierbas para calmar el dolor. La higiene era casi inexistente, piensa que los romanos usaban polvos dentales y palillos para retirar restos de comida, pero nada comparado con lo que hacemos ahora de lavarnos los dientes con dentífricos.
Aun así, había más conocimiento: sabían que un diente infectado podía enfermar al cuerpo y que era mejor extraerlo, si estaba mal, pero cualquier herida podía complicarse por inflamaciones, abscesos… y claro, esto provocaba fiebre, y eran muy comunes.
Antes, sacarte una muela podía matarte. Bendita tecnología, ¿verdad?
La Edad Media y los barberos dentistas
Durante la Edad Media, los barberos asumieron muchas funciones médicas, incluyendo las extracciones dentales. Sí, los mismos que cortaban el pelo… ¡también sacaban muelas! Esta práctica era conocida como barbería quirúrgica. Los instrumentos eran tenazas y fórceps rudimentarios, y no existía anestesia real, todavía.
Imagínate la escena: tú, sentado en una silla, alguien te agarra tu muela con fuerza y tira… mientras otras personas observan. El dolor debía ser brutal, y la recuperación un riesgo enorme. La infección era la principal preocupación, porque encima las herramientas no siempre se limpiaban y las heridas podían ser mucho peores por ello.
A veces se usaban hierbas o alcohol para aliviar el dolor, pero no era suficiente, y muchos pacientes sufrían inflamaciones enormes o infecciones que se extendían por todo el cuerpo.
Hoy, los dentistas tienen herramientas específicas, anestesia y antibióticos que reducen riesgos. Y, por supuesto, tecnología que les ayuda a que tú sufras menos. La diferencia es enorme, yo agradezco haber nacido en este tiempo.
El Renacimiento y los primeros estudios serios de odontología
Durante el Renacimiento, los médicos comenzaron a estudiar el cuerpo humano con más detalle. Empezó a conocerse la odontología como una parte de la medicina, incluso se escribieron tratados sobre dientes, encías y técnicas de extracción. Las herramientas mejoraron muchísimo, los fórceps se adaptaron a la anatomía de los dientes, y se buscaba evitar dañar el hueso.
Las extracciones seguían siendo dolorosas, sin duda, pero había un avance: todo era más precisión. Los médicos empezaban a entender cómo sacar un diente sin romper la mandíbula ni causar inflamaciones excesivas y comenzaron a preocuparse por la higiene dental, aunque los resultados aún eran limitados.
El dolor seguía siendo un problema, recuerda que la anestesia se inventó en el 1850, y sin anestesia cada extracción dolía. Pero la ciencia ya permitía un procedimiento más seguro que en siglos anteriores.
En el siglo XVIII, es nace la odontología moderna
El siglo XVIII trajo a Pierre Fauchard, que cambió todo. Escribió el primer libro completo sobre cuidado dental, extracciones y prótesis. Gracias a él, se convirtió en una profesión mucho más segura. Los fórceps y herramientas empezaron a diseñarse específicamente para los dientes, lo que permitía un control mucho mayor durante la extracción. Aunque seguía siendo doloroso, el procedimiento ya no era un tirón brutal.
Además, se difundieron cepillos rudimentarios y polvos dentales, sobre todo entre las clases acomodadas (como siempre, el “lujo” para los que tienen dinero”). Esto ayudó a prevenir problemas, aunque las extracciones seguían siendo necesarias en casos más graves.
En el siglo XIX, llega la anestesia por fin
En 1846 hicieron la primera demostración pública del éter como anestésico. Antes, sacarte una muela te dolía un montón, pero, con el éter, por primera vez, los pacientes podían dormir un poco y no sentir tanto dolor mientras les sacaban un diente. Imagínate lo increíble que tenía que ser para la gente de esa época. ¡Bueno, y lo increíble que es para nosotros!
Poco después, empezó a usarse el óxido nitroso, que es el famoso “gas de la risa”. Este gas hacía que los procedimientos fueran mucho más llevaderos, porque el paciente podía relajarse y el dentista podía trabajar sin tener que apurarse porque le doliera demasiado. De esta forma, las extracciones fueron mucho más seguras y precisas. Antes todo era un tirón rápido y doloroso, pero con esto, podían hacerlo con calma.
Además, las herramientas mejoraron mucho. Los fórceps y elevadores se diseñaron para mover los dientes con cuidado, sin romper la encía ni el hueso. Antes los dentistas tenían que improvisar, y muchas veces causaban más daño que otra cosa. Con estas nuevas herramientas, la extracción ya no era un desastre: se podía hacer de manera controlada y más limpia.
La combinación de anestesia, tener mejores instrumentos y un conocimiento más científico cambió totalmente la forma de tratar los dientes. Antes daba miedo, mucho miedo, por el proceso tan doloroso y rudimentario, pero ya no daba tanto miedo, porque estaba todo más controlado.
Siglo XX, ya había antibióticos y una cirugía dental avanzada
Lo más importante fue la llegada de los antibióticos, como la penicilina. Antes, si después de sacarte una muela se te infectaba la boca, ya ves que podía matarte. Con los antibióticos, una infección dejó de ser un problema y pasó a ser algo que se puede tratar rápido y sin tanto miedo. Para la gente de antes, esto era inimaginable.
La anestesia local mejoró un montón. Ahora puedes estar despierto mientras te sacan una muela y no sentir dolor, solo un poquito de presión, así que todo era mucho más tranquilos, y los dentistas podían trabajar sin tener el miedo de que el paciente sintiera el dolor.
Además, las radiografías se empezaron a usar también, y antes los dentistas iban casi a ciegas, ahora pueden ver la raíz del diente, si está torcida o si hay infección, y planificar todo antes de tocar la muela.
Además, ahora todo se esteriliza, se usan guantes, mascarillas y protocolos médicos mucho má estrictos para tu cuidado. Comparado con cualquier época anterior, la diferencia es brutal.
Valora tu vida hoy día
No puedo evitar pensar en lo salvaje que era la vida antes. Solo son imaginarlo me da bastante miedo, y eso hace que valore mucho más lo que tengo. Por ejemplo, cosas como agua limpia, medicinas, tecnología… esto no existía antes, pero ahora nos ayuda a resolver problemas que antes podían matarnos en cuestión de días, y eso para mí es importante.
Hoy tenemos muchos beneficios que la gente de antes ya hubiese deseado tener, y no lo valoramos lo suficiente. Ahora estamos mucho más cómodos, todo es mucho más sencillo y sin dolor, y aun así nos seguimos quejando. No valoramos lo que la tecnología hace por nosotros, lo que la medicina ha evolucionado y cómo nos ayuda ahora a estar bien. Tal vez, deberíamos.
Mira al pasado y observa cómo sobrevivían con tan poco enseña, y aprende a no quejarte por cosas tan insignificantes. Piensa en que te tuvieran que sacar una muela con un hierro, jalando y que te doliese. Y encima que luego se te infectase y pudiese matarte…
Pues gracias, ¡gracias por haber nacido en esta época!